Esta historia es un hecho verídico que me sucedió un día como hoy de hace dos años en playa delfines Cancún:
Como todas las mañanas al mismo tiempo que el sol, se levantaba Don Gastón saludando a los cielos, envuelto en una capa de cartón y periódico viejo bajo un techo de sabanas blandas sostenidas por cuatro tubulares para cortinas que él mismo construyó, todo el que lo miraba se decía a si mismo “pobre viejo!” fácilmente lo juzgaban, sin ni siquiera dirigirles la palabra, la verdad es que ese hombre de nariz ancha, ojos azules y pelo seco, con ceja veracruzana y labios europeos, vivía más contento que esa mansedumbre de personas insaciables que no disfrutan lo bonito por la ambición material de siempre alcanzar otro objetivo.
Un día, de esos donde solo se piensa en mortificaciones, caminando por la arena me detuve a remojar mis pies en la cálida espuma de agua caribeña, dejando todo mi peso en mis codos, encendí un cigarro, y una voz ronca a lo lejos me gritó:
- chico, ¿no tendrá por ahí un cigarrillo para este viejo hambriento? –
Por supuesto miré hacía atrás, se me acercaba un viejo con una mirada que nunca había visto en mi vida, un mirada digna de un hombre que había vivido de todo, su nombre: Gastón, a quien con mucho gusto le obsequié un cigarro, él se regresó dándome la espalda y encendiéndolo entró a su casa que estaba encajada en la arena, y como todas las personas que detesto me dije a mi mismo “pobre viejo”.
Luego de diez minutos apagué mi cigarrillo, justo al pararme, Don Gastón salió de casa con una cerveza en sus manos y quise reclamarle, pues me vendió una idea de un muerto de hambre, - pero bien que tiene pa´ cervezas – me dije.
Como siempre yo cuando me enfado con alguien, me dan ganas de decirle un millón de cosas pero al fin y acabo se queda todo guardado, pero ese día algo extraño sucedió, me dije “ahora si le aré saber mi opinión” y después de preguntarle su nombre le dije:
- Don Gastón, muy muerto de hambre pero bien que “chupe” no le falta
A lo que él me respondió:
- Gracias a Dios, se imagina muerto de hambre, y sin trago
Yo me quede pensando, algo veía en él que nunca había visto en nadie, el me miraba, el olaje del mar se escuchaba intensamente y una que otra gaviota pasar
- no sería mejor – le dije a él, con el afán de ayudarlo – que en vez de estar gastando su dinero en cervezas se comprará algo de comer
- no, que caso tiene – me dijo despreocupado – si comida tengo mucha
Como yo no tenía empleo, abusando de su confianza, con tanta hambre en mi cabeza le pedí que me regalará un poco de despensa
- como no – me dijo él y me invitó a pasar a su casa.
Parecía una pocilga, de piso de arena, una cama de periódicos y al fondo una hielera, por supuesto me hice de la vista gorda, ignorando la fatal, abrí la hielera donde encontré, un jamón, un queso que parece de plástico, un pan aplastado, y sobres de mayonesa, en medio de más de quince cervezas. Me preparé un lonche y abrí una botella, y con buena cara le pregunté:
- oiga Don Gastón, veo que tiene comida, ¿porque hace un rato me dijo que estaba hambriento?
- porque lo estoy
- pues coma, ¿le preparó un lonche? – le dije con tanta amabilidad
- Hay muchacho, hambriento de amor – me aseguró
Entonces yo intrigado, me quede callado, deje mi lonche a medias y me dispuse a escucharlo creyendo que ese viejo ansiaba hablar con alguien, pues a simple vista juzgué por el parecer de su casa, lo invité a que me hablara de su amor a lo que él me respondió:
- me gustó una mujer durante ciento cincuenta años y nunca me correspondió, yo soy veracruzano, pero fue tanto mi enojo que caminé durante cuarenta años hasta llegar aquí y construir mi mansión –
Ah como odio a los mentirosos, quise irme de una vez por todas, porque cuando nos cuentan algo sabiendo que no pasó pierde su encanto, entonces ya no le puse atención, sin avisarle me paré para irme creyendo que sobreentendería la razón, y al ver su cara de triste al verme, preferí darle un argumento o una explicación, pero no pude, ¿como le comprobaría a ese viejo que estaba mal?, ¿como le demostraría lo imposible de sus argumentos?, me espere a que se callara y sin más por el momento me marché.
Dos días después cuando me cayó el peso del arrepentimiento fui a visitarlo, después de regalarme una cerveza empezó a platicarme algo pero no le puse atención, mi mente estaba en las mortificaciones, justo cuando mi cerebro se calló, escuché que me dijo:
- yo vivo aquí desde que existe el sol –
Ahora si enfadado me paré y lo hice escucharme cuando enojado le dije:
- ¡es imposible que viva desde que existe el sol! –
- como lo sabe – me respondió – yo creí que usted era diferente, pero veo que es como cualquier otro de esos que cuando me ven han de pensar “pobre viejo” yo te aseguro que para todos ellos aún no existe el sol, ahí lo tienen, pero cuando lo ven su ser esta en otras cosas, pensando en sus mortificaciones, como antes era yo
Fue entonces que comprendí que ese viejo tenía razón, y sé que cuando me dijo que estuvo enamorado de una mujer durante ciento cincuenta años nunca me mintió. Y pensé “bienaventurado viejo, y pobre yo”
miércoles, 14 de enero de 2009
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muy bueno carnal, me acuerdo cuando me contaste esto en mi casa, haha que chido que te hallas animado a publicars tus cosas.
ResponderEliminarQue buen relato gera..
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