martes, 20 de enero de 2009

el hombre y la vida

un día un hombre que cargaba un frasco de vidrio con un liquido muy similar al agua y un costal viejo que se veía muy pesado, se acercó a la vida, que vivía en una extraña cueva, y dejando el bote en sus pies entristecido le dijo:
- !ten!, no sé para que lo querías, no entiendo de que te sirve, pero sé que te pertenece

la vida, un tanto intrigada, que vestía como sabio, viejo pero con brillo en sus ojos y unas ojeras sombreadas, le preguntó:
- y ¿que es eso?
a lo que el hombre le respondió:
- son mis lágrimas que he derramado tratando de vencer las mortificaciones que me enfrentaste, pero llegué a la conclusión de que a ti te sirven y por eso me mandas tantas penas, así que he decidido hacer las paces contigo y vine a entregártelas.

la vida pensativa se quedó mirando el frasco y justo cuando iba a hablar el hombre lo interrumpió diciendo:
- casi lo olvido, esto también es tuyo
entonces se quitó el costal y lo colocó en el suelo sonando como si tuviera piedras adentro
- son mis sueños - agregó - ya no los quiero, te esforzaste tanto para robármelos que me he rendido en la lucha así que te los entregó, !felicidades ganaste! - le aseguró sarcásticamente.

entonces la vida en desesperación, de abajo de su asiento sacó una caja de madera muy bonita, la abrió, y llorando tomó de ella una maceta con una rosa chiquita y preciosa, como si la cuidará con un afán intenso, y se la dio al hombre diciéndole:
- ten, es tú éxito, y sin ti no me es divertido cuidarlo

El hombre tomó la maceta y regresó a casa decepcionado y confundido, pues por esa maceta había luchado toda su vida, y no era exactamente lo que creía, entonces se decepcionó de todo y a nada le encontró sentido.

cinco años después, caminando sin rumbo se encontró con una mujer que daba gritos de júbilo al cielo, rebozaba de la alegría y poseía una sonrisa única tanto en su boca como en la mirada, el hombre, impresionado de ver tanta felicidad se sintió obligado a preguntarle cual razón la llenaba de esa gracia, ella le respondió:
- mira lo que he conseguido
le enseñó una maceta con una flor muy similar a la que la vida le había dado hace algunos años, entonces él molesto le dijo:
- tanto por eso, yo tengo en casa una igual y ni siquiera me arranca una sonrisa, ¿para que la quieres?
- quizá no sirva de nada - le respondió ella - pero me costo tantas penas, tantas mortificaciones, tantos problemas, que hasta ahora lo entiendo, porque en el camino de conseguirla sembré en mí muchos talentos, aprendí a cultivarlos las veces que salí adelante, aprendí a regarlos con experiencia, y de vez en cuando con un par de lágrimas y ahora lucen así de bellos, ahora tengo tanto que recordar y contarle a la gente, con esta sabiduría, y capaz de responderme ahora todas mis preguntas, más satisfecha no me puedo encontrar ¿te imaginas lo triste que sería que nos regalarán esta maceta sin antes aprender todo esto?

entonces el hombre se sentó llorando.

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