miércoles, 21 de enero de 2009
Victoria (cuento)
"A qui les dejo Victoria, el primer cuento que escribí en mi vida"
Quizás mi historia no sea para alguien una anécdota importante, digo eso pues tantas veces me lo han dicho tan solo por pensar diferente a los demás, mi padre a gritos me lo recordaba con la vieja frase –te voy a llevar al manicomio si sigues pensando así- sin embargo hoy me rió de lo que me daba miedo, con eso me doy cuento de que ya esta superado.
Vivía en un lugar curioso, donde la gente se preocupa mucho por los demás en lugar de si mismos, no con afán de caridad, si no con índole destructiva, pase mi infancia ahí hasta llegar a mis trece años, con dudas existenciales, terminándome de enamorar de una mujer que nunca me dirigió la palabra ni siquiera por educación.
Pasaba un río enfrente de donde vivía, solía sentarme a curar la vieja herida que se abría mas con el soplar del viento y las emociones, a la media noche donde entre el estrés de estar deslumbrado y queriendo echar fuera la casta del espíritu y gritar lo que nadie me escucharía, aprendí a escondidas lo que en verdad quería aliviándome la educación tan rígida y exageradamente pegada a la religión que me trataron de dar mis padres con la urgencia de que yo fuera lo que nunca ellos fueron, y bien, es entendible, pues yo soy lo único que les quedaba, ni su amor mutuo lo tenían.
A los catorce, cuando el interior grita ferozmente, se crece el grosor ardiente del deseo, y aún sin conocer el sentimiento de la derrota hace de una persona la idea más bella que puede existir, nace la faz la necesidad del alma que incita a dejar de vivir para uno mismo, cuando se quiere compartir la vida, para mí, no sería la excepción, aquella noche de lluvia fría, cuando algo me hizo latir por primera vez el corazón.
Viví en un ¿Por qué? a solas, durante seis semanas y media, donde mirando rígidamente al cielo me enamoré de una estrella, y la nombre Victoria. Por años le conté lo que yo sentía y nunca me respondió, más a eso hice caso omiso. Nací en una vida donde nunca espere nada a cambio. La veía noche tras noche, le regalé flores al alba, y no las aceptó, le dediqué poesías y no le importó. En ocasiones me arrojó aguaceros fríos a la media noche, sigo sin saber si realmente fue Victoria quien me los mando.
Me senté, le dije en voz alta:
- si tu no me quieres, házmelo saber, pues tu eres todo en mi mundo, si tu no existes, no seria nada, tan solo dime que tengo que hacer
Un hombre viejo, de barba gris, larga y maltratada, moreno de ojos azules, con toda la sabiduría entre sus labios pero ningún oído para compartirla, se me acercó y me dijo:
- ¡ha!, como vuelas la imaginación hijo
Fue él, el único que creyó en mí, esa noche lloré tanto que creí ver a la estrella sonreír
- ¡sonrió! – grité con emoción – ella esta feliz – gritaba para mí
Entonces corrí para buscar al viejo que había creído en mí, más no lo encontré.
A la noche siguiente corrí a visitarla y no estaba, retorcía mía manos en la tierra mezclándose con mi sudor de la frustración de no poderla ver a causa de una nube gris que me tapaba la vista de ella. Y le gritaba una y ora vez:
– ¡Victoria!-
Lloré con lágrimas detestadas y en furia. Con la impotencia de una nube tan lejana sin ganas de quitarse, imaginándome lo peor, creyendo que se la llevarían. Arrojé una piedra a la nube y me la devolvió abriéndome la cabeza, y ensangrentado me hinque Rezando, un viento se la llevó, una vislumbre me segó. Victoria estaba ahí.
Sentí como la nube le rogó que se fuera con ella y Victoria permaneció por mi, una sonrisa sobre mi rostro y un brincoteo en el alma se revolvieron con el entusiasmo de un joven de pocos años y poca experiencia en el amor, le dije:
–te amo, se que me escuchas
Brincaba para estar más cerca de ella y en el aire le repetía:
- ¡te amo!
A la mañana siguiente escribí un verso y lo dejé con una paloma, le dije:
- Llevádselo a Victoria
Mientras dormía, soñé que le llegaba mi verso, me hizo sentir tan bonito que me levanté temblando. Fue entonces que creí en lo imposible, la busque en la tarde pero no la encontré.
Mi mejor amigo me confesó esa tarde que ya no me consideraba su amigo, pues las tardes en las que pateábamos la pelota y las pláticas a media noche y a escondidas se habían acabado. A él lo perdí por completo cuando le conté de mi amor por victoria. No solo se enfadó menospreciándome con su mirada, si no que lo divulgo a la sociedad y por meses se burlaron de mí hasta que se rindieron dándose cuenta que no me importaban sus humillaciones.
Le conté a mi padre, dos horas antes de amenazarlo con quitarme la vida si no me dejaba salir a ver a mi estrella. Desde ese día jamás le volví a contar algo, a Victoria la veía por la ventana, tocaba la ventana fría con mi mano y sentía tocarla a ella. en mis lágrimas se reflejaba demostrándome su compasión y cariño.
En una noche, en una maleta pequeña, arrojé mi ropa al azar, lo poco que tenía, mi dinero, y a la mañana sin avisar, me fui de casa, solo con mis sentimientos, extrañando a mis padres.
Caminé hasta la orilla del río con todas mis cosas y platiqué toda la noche con Victoria, solo quería estar con ella. él hombre de barba maltratada llegó a la orilla del
– Si realmente quieres a victoria, ve con ella
– ¿Cómo? – le pregunté yo
– solo camina hacía ella creyendo en que llegarás
Caminé todo el tiempo siguiéndola, creyendo que algún día llegaría a ella, un camino de piedra y tierra, por las tardes descansaba, pues no la podía ver, solo asomándose la noche emprendía de nuevo mi viaje. Cada vez me sentía más cerca de ella. Hasta que llegué a un lugar majestuoso, imponente y supremo a todo lo que había visto, y me impidió seguir caminando a la estrella, ahí era lo más cerca que podía estar de Victoria. Era el mar en donde estaba.
A mis quince años, a través del conocimiento y madurez, rocié mi cuerpo con lógica y derrota, me di cuenta que tan solo es una estrella a la cual le puse nombre, peor ella ni me miraba, y nunca me amaría, mucho menos podría llegar al universo y abrazarla. Sin comida, dinero, amigos y familia había perdido todo por una fantasía de un adolescente inmaduro hasta que caí en las verdaderas cuentas de una verdadera derrotada por el ingenuo pensar humano, desgarrado tome un puño de arena, por un instante creí haber perdido la cordura cuando me golpeaba contra el piso mi cabeza.
Llegó la noche. Los días los veía como pruebas de sobre vivencia, y cara abajo destrozado, volví a mi pueblo natal, con mirada mas madura y pelo maltratado por la falta de destreza y control de situación. Crucé la puerta de mi casa, con la sorpresa de que estaba abandonada, y vecinos me afirmaron que mis padres se mudaron a un país muy lejano. Todo estaba perdido, no encontraba solución, y llorando desde el suelo maldecía a la estrella que me robó todos mis sueños.
Caminé sin rumbo cayendo en la realidad perpetua, algún día creí que estaría con victoria por siempre cuando pensaba como niño, donde todo era posible. Desgarrado desde el centro de un lugar dentro de mi, despuntándome y reclamándome de mi ingenio, viviendo en estrés permanente, y un grito desesperado que lo recordaré hasta el día de mi muerte hizo temblar mis estratos.
– Amigo cuanto tiempo sin verlo- escuché esa inigualable voz del viejo sabio.
– Miré como estoy – le dije – me gustaría despedirme de la vida porque no me queda nada
El viejo al mirar la mi cara se sorprendió de tanta congoja comprimida
- y ¿la estrella? – me preguntó
yo con risas me burlé de mi mismo
- a caso ¿ya no la quiere? – me dijo
- digamos – respondí yo, que me di cuenta de lo tonto que era creyendo en ella
- pero si la estoy viendo
- ¡pero es una estrella! – le grité enfurecido desahogando mis penas
- vaya joven, si realmente cree, usted podría estar con ella
entonces decidió, me pare de mi lugar, y sin mirar atrás arranqué corriendo hasta que algunos días después llegué al mar, voltee atrás para darme cuenta todo lo que perdí, solo me quedaba creer en Victoria…
Y estando parado frente al agua del majestuoso océano en la media noche miré la estrella, di algunos pasos hacía atrás, la apunté, me encontraba alrededor de unos diez metros de la costa, y dije:
- voy por ti, ahí estaré
empecé a correr lo más rápido que pude, justo cuando un pie mío toco el agua di un brincó, el más grande visto en al tierra, un brinco donde sobre pasaría toda ley de la física, toda lógica humana, solo la miraba ella, tan decidido, estuve varios segundos suspendido en los cielos, y en el aire pensé:
- es imposible llegar… es una estrella
Y caí al mar.
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me agrado el final inesperado, no pense que fuera acabar asi xD
ResponderEliminaresta chido el cuento
sbs
está bueno el cuento, escribes chido..
ResponderEliminarsaludos
esta bn verga felizidades vato
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